Inefable!
Tal vez un día se nos ocurre llamar a determinada sensación, visión, motivación o conclusión como algo inenarrable, ¿porqué? Lo más usual sería decir que tal impotencia con la elocuencia se debe a la estupefacción frente a concreto acontecimiento,no obstante, ¿porqué lo inefable tiene que ser lo intangible?
Considero se lo suficientemente osado al advertir que en las siguientes líneas describiré una amalgama de aspectos tangibles e intangibles como un suceso que al final termina dejándome en un extraño nivel de desasosiego atónito vocal.
-Una tarde que para muchos podría tener cierto toque de prodigiosidad contemplándola a través del calendario, para mi era como cualquier otra hasta cuando decidí escribir esto... Ese treinta y uno de diciembre sentí la necesidad de contemplar mi alrededor subordinado a mis sentidos.
Noté que esa tarde el cielo evidenciaba un toque perfectamente blanco genuino y mágicamente azul como el falso tono del mar, pero esa visión la contemplaba solamente a mi alrededor, porque al levantar mi cabeza me di cuenta que la nube negra estaba precisamente allí, quitando vigorosidad al inevitable sol. También pasaron por mi lado dos perros sin raza alguna que parecían tener como halo el nefasto olor al barro, la lluvia, la comida de hace algunos días, y el desamparo de varias semanas atrás, empero, mi percepción frente a su recorrido no terminaba allí. Después de recorrer unos cuantos metros se detuvieron frente a esa ave ahora inexistente, de la cual creí, intentaban hacer su cena.
Inexplicablemente, ahora me hallaba sobre esa inmensa roca arraigada en la tierra a la cual ni el mismo hombre había conseguido otorgarle una función, lo único que pude hacer con ella fue palparla; estaba sutilmente caliente, en algunas zonas ya denotaba la población de bacterias que la habitaban, que por supuesto, lograron naciera una planta de la misma. Era una población que sencillamente se lograría desmoronar al tacto, pero lo más curioso es que por más áspera que fuese la robusta roca, estoy seguro que rozarle con la parte más suave de mis medos resulta más bello y menos desagradable que intentarlo con la piel del presidente.
noté que empezaba a oscurecer, decidí caminar un poco para culminar con mi experiencia. Al hacerlo, mis pies se adueñaron del lógico sonido que se produjo por el frotamiento entre mis botas y el inmenso pastal... De un momento a otro me sentí en la ciudad, pero esta era la metrópolis de las aves, era tal el estrépito de su sonsonete que era fácilmente comparable al que se produce un fin de año en el centro de Bogotá, pero eso sí, este era hermoso.
Aún me faltaba una experiencia, recordé que en ese lugar de niño solía comer algo que se encontraba al interior de un extraño fruto esférico con cierto aspecto rocoso. Me acerqué al árbol que producía estas legumbres, que por cierto parecía tener más de sesenta años de historia, intenté tomar una, no obstante, no lo conseguí. Decidí todo culminara allí porque no logré encontrar algo capaz de sustituir aquel producto de que jamás conocí su nombre.-
Ese extraño nivel de inexorabilidad ante las palabras apareció cuando quise responder a preguntas como: ¿Porqué a la altura de estas líneas la nube negra ya no existía la nube negra? ¿Porqué percibir en dos perro con inmensa fetidez un nivel tan extraordinario y astral?
¿Porqué creer un mineral superior a un ser humano? ¿Porqué sentirme en una ciudad cuando había tanta paz a mi alrededor? ¿Porqué reemplazar tan inefable creación por tal situación de desastre casi en su totalidad?
Son preguntas a las que...
No logré responder.
Naughty Mc.
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